Al mismo tiempo se da un proceso político encabezado por el que según muchos es uno de los liderazgos más lucidos, exitosos en términos de gestión y carismáticos del conjunto de los gobiernos progresistas: el de Rafael Correa.
La diversidad política coagulada durante los 90 se despliega luego como una verdadera colisión entre los sentidos modernos que anidan en el corazón del pensamiento de izquierda y los sentidos revolucionarios del buen vivir rescatados del mundo indígena, ofreciéndonos un panorama privilegiado para debatir “la cuestión del desarrollo”.
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